DIARIO LAS AMERICAS,
Domingo 15 de Noviembre de 1992 (página 5-A)
(Reproducido del Diario de
Sesiones de la Cámara de Representantes de Cuba).
[Este discurso fue pronunciado
ante la Cámara de Representantes de la República de Cuba
en el año 1955 por el Dr. Rafael L. Díaz-Balart, contra
la ley que amnistió a Fidel Castro y demás asaltantes
del Cuartel Moncada, cuando habían cumplido solamente dos
años de cárcel, y después de haber sido condenados por
un tribunal civil. (El Dr. Díaz-Balart leyó este
discurso de nuevo en su programa de Radio Mambí el martes
pasado, y por su contenido histórico DIARIO LAS
AMERICAS lo reproduce].
LA AMNISTIA
Por Rafael L. Díaz-Balart
Señor Presidente y Señores
Representantes:
He pedido la palabra para
explicar mi voto, porque deseo hacer constar ante mis
compañeros legisladores, ante el pueblo de Cuba y ante la
historia, mi opinión y mi actitud en relación con la
amnistía que esta Cámara acaba de aprobar y contra la
cual me he manifestado tan reiterada y enérgicamente.
No me han convencido en lo más
mínimo los argumentos de la casi totalidad de esta
Cámara en favor de esa amnistía.
Quede bien claro que soy
partidario decidido de toda medida en favor de la paz y la
fraternidad entre todos los cubanos, de cualquier partido
político o de ningún partido, partidarios o adversarios
del gobierno. Y en ese espíritu seria igualmente
partidario decidido de esta amnistía o de cualquier otra
amnistía. Pero una amnistía debe ser un instrumento de
pacificación y de fraternidad; debe formar parte de un
proceso de desarme moral de las pasiones y de los odios;
debe ser una pieza en el engranaje de unas reglas de juego
bien definidas, aceptadas, directa o indirectamente, por
los distintos protagonistas del proceso que se esté
viviendo en una nación.
Y esta amnistía que acabamos de
votar desgraciadamente es todo lo contrario. Fidel Castro
y su grupo han declarado reiterada y airadamente, desde la
cómoda cárcel en que se encuentran, que solamente
saldrán de esa cárcel para continuar preparando nuevos
hechos violentos, para continuar utilizando todos los
medios en la búsqueda del poder total a que aspiran. Se
han negado a participar en todo proceso de pacificación y
amenazan por igual a los miembros del gobierno que a los
de la oposición que deseen caminos de paz, que trabajen
en favor de soluciones electorales y democráticas, que
pongan en manos del pueblo cubano la solución del actual
drama que vive nuestra Patria.
Ellos no quieren Paz. No quieren
solución nacional de tipo alguno, no quieren democracia
ni elecciones ni confraternidad. Fidel Castro y su grupo
solamente quieren una cosa: el poder, pero el poder total.
Y quieren lograrlo por caminos de violencia, para que ese
poder total les permita destruir definitivamente todo
vestigio de Constitución y de ley en Cuba, para instaurar
la más cruel, la más bárbara tiranía, una tiranía que
enseñaría al pueblo el verdadero significado de lo que
es la tiranía, un régimen totalitario, inescrupuloso,
ladrón y asesino que sería muy difícil de derrocar, por
lo menos en veinte años. Porque Fidel Castro no es más
que un psicópata fascista, que solamente podría pactar
desde el poder con las fuerzas del Comunismo Internacional,
porque ya el fascismo fue derrotado en la Segunda Guerra
Mundial, y solamente el comunismo le daría a Fidel el
ropaje pseudo-ideológico para asesinar, robar, violar
impunemente todos los derechos, y para destruir en forma
definitiva todo el acervo espiritual, histórico, moral y
jurídico de nuestra República.
Desgraciadamente hay quienes,
desde nuestro propio gobierno, tampoco desean soluciones
democráticas y electorales, porque saben que no pueden
ser electos, ni concejales en el más pequeño de nuestros
municipios.
Pero no quiero cansar más a mis
compañeros Representantes. La opinión pública del país
ha sido movilizada en favor de esta amnistía. Y los
principales jerarcas de nuestro gobierno no han tenido la
claridad y la firmeza necesarias para ver y para decidir
lo más conveniente al Presidente, al Gobierno y, sobre
todo, a Cuba. Creo que están haciéndole un flaco
servicio al Presidente Batista, sus Ministros y consejeros
que no han sabido mantenerse firmes frente a las presiones
de la prensa, la radio y la televisión.
Creo que esta amnistía, tan
imprudentemente aprobada, traerá días, muchos días de
luto, de dolor, de sangre y de miseria al pueblo cubano,
aunque ese propio pueblo no lo vea así en estos momentos.
Pido a Dios que la mayoría de
ese pueblo y la mayoría de mis compañeros Representantes
aquí presentes, sean los que tengan la razón.
Pido a Dios que sea yo el que
esté equivocado.
Por Cuba